Chavas, oigan… ¡a mí me gustan seguras de sí mismas!

No sé si seré yo, o cada vez que intento hacer algo para acercarme a esa chica, a quien verdaderamente quiero convencer que sea mi novia, todo me sale al revés. Cada vez que tomo la decisión de “ella, esa es la chava junto a quien quiero despertar todas las mañanas durante el resto de mi vida”, algo sucede y… cuando ya toda esperanza y/o ilusión se ha terminado, resulta que ¡Oh, sorpresa! Ella también me consideró como prospecto, y tuvo miedo de decírmelo.

Quizás me equivoco al pensar contracorriente. Quizás soy yo quien debo cambiar mis expectativas. Pero, honestamente, me niego a hacerlo. No me importa que la sociedad guatemalteca está empeñada en enseñarle a las chavas que, ¡Ay de aquella que con ciega locura! pretenda ser clara con el chavo que le gusta, y declararle su deseo de estar con él (porque les enseñan a las patojas que eso haría que él piense que son putas).

La verdad es que, yo prefiero millones de veces que una chava venga y me diga lo que siente tal y como es, sin darle vueltas al asunto.

Esta es una de las tantas cosas que me han sucedido recientemente, acerca de la que no puedo dejar de pensar que “si tan sólo se hubiera…” pero no. No se hubo. ¿Entonces qué hago? A pesar de que este hubiera pudo haber sido hace casi 5 años, ¿será que puedo seguir pensando en ella?

No. Es hora de seguir adelante, echándole yemas, como diría cierto Inge en la Facultad de FISICC en la Galileo. 😉

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